nosotros

Gente de toda condición,
que en ningún otro lugar se
hubiera reunido, comunicábase allí
su regocijo, que muchas veces, más
que de la farsa, reía el grave de ver
reír al risueño, y el sabio al bobo,
y los pobretes de ver reír a los grandes
señores, ceñudos de ordinario,
y los grandes de ver reír a los pobretes,
tranquilizada su conciencia
con pensar: ¡también los pobres
ríen! Que nada prende tan pronto
de unas almas en otras como esta
simpatía de la risa.

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